La poeta Rocío González deja un gran legado a la literatura en lenguas indígenas

CDMX a 26 de Abril de 2019.- La poeta mixteca Celerina Patricia lamentó el deceso de la ensayista juchiteca Rocío González, acaecido el miércoles 24 de abril, y enfatizó en el trabajo desarrollado por la escritora como impulsora de la escritura en lenguas originarias.

La Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, lamentó en redes sociales el deceso de la becaria del INBAL, quien deja un gran legado a la literatura en lenguas indígenas.

En tanto, Celerina Patricia comentó que la autora del texto infantil León panza arriba no escribía en zapoteco; lo cierto es que su obra se ve reflejada en los jóvenes que hoy en día se expresan en su lengua. “Ella escribió no solo de la región, sino también para mujeres del Istmo, de forma nítida y fina, que generalmente no son tocadas o son vistas de otra forma cuando un hombre las escribe”.

“Su perdida deja un gran hueco dentro de la literatura mexicana y en el impulso para que más jóvenes sigan escribiendo en su lengua originaria, cosa en la que ella estuvo siempre inquieta por impulsar” y que hoy en día se queda trunca esta gran labor.

Este jueves 25 de abril a las 18:00 en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, se leerá su poesía frente al Palacio Municipal por parte del Colectivo Binni Birí (Gente Hormiga), para recordar a la poeta Rocío González.

Rocío González (1962), poeta y ensayista, era originaria de Juchitán, Oaxaca. Tenía estudios en Lengua y Literatura Hispánicas, la maestría en Literatura Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como un doctorado de Literatura Latinoamericana, además se desempeñó como profesora investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Hubert Matiúwàa, poeta en lengua mè’phàà, comentó en entrevista que Rocío González fue la primera en ver su trabajo. “Me mostró que no había una sola poesía, sino que era muy diverso el mundo de las palabras. Ella fue la primera en ver mis escritos y me orientó a cómo observar el mundo de la poesía desde mi propio territorio, lengua y cultura. Me enseñó realmente a mirar el mundo desde lo que soy y por eso le debo la poesía a Rocío González”.

Como poeta, Natalia Toledo expresó que con el deceso de Rocío “se muere una voz que no se conoció del todo en México, pero que era una voz muy poderosa e importante. El mundo se va a enterar poco a poco de la calidad, la altura y la calidad de la poesía de Rocío. Realmente yo la conocí desde que estaba Macario Matus en la Casa de la Cultura, quien hizo plaquettes que traían a los primeros poetas y hablaban de los zapotecas, de su cultura, pero en español. De esa gente abrevamos todos. Era una mujer muy comprometida, excelente ensayista también, y una gran poeta, de la mejores de México”.

Rocío González, como profesora de la UACM, impulsó a jóvenes a escribir en su lengua originaria. Colaboró con múltiples publicaciones como Blanco Móvil, El Latinoamericano Internacional, El Nacional Dominical, Guchachi’ Reza, Hojas de Utopía, Ojarasca, Revista Universidad de México, Sábado, Viceversa y Zurda. Fue Becaria del INBA, 1991; del Fonca, 1992 y 1996; y del FOECA-Oaxaca, 1998. Además de ser miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Entre los reconocimientos obtenidos destaca la Medalla Alfonso Caso de la UNAM en 2003 por sus estudios de posgrado; el Premio Nacional de Poesía Benemérito de las Américas 2006 por Las ocho casas; el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa del estado de Coahuila 2008 por Lunacero.

Entre la obra publicada de Rocío González está el ensayo El lenguaje como resistencia (2008), Literatura zapoteca, ¿resistencia o entropía? A modo de respuesta: cuatro escritores binnizá: Testimonio crítico de cuatro escritores en lengua zapoteca, (2016).

Además es autora de: Poemas (1988), Paraíso de fisuras (en coautoría con Natalia Toledo, 1992), Ángeles en vilo (plaqueta,1993), Interiores del tiempo (1995), Las ocho casas (1998), Vislumbre (1999), Luneverses (2002), Pasiones tristes (2004), Azar que danza (2006), Lunacero. Como si fuera la primera vez (2006). En relato: Neurología 211 (2013). En literatura para niños y jóvenes escribió el libro de poesía León panza arriba (2010).

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